lunes, 23 de febrero de 2026

Prurito

No me gusta tener la sensación de querer escribir y no saber exactamente qué y/o cómo. Es como que te picase una parte del cuerpo y no la pudieras rascar por no saber cuál es. Me resulta muy desagradable porque incluso cuando decides empezar a rascar sin más, hasta ver si das con la zona que pica, el resto de la piel no acepta ni que la toques. Incluso diría que podría rascarme todo el cuerpo sin encontrar el lugar del malestar.

Llevo ya unos días así. El finde no ayudó. The fate of Ophelia tampoco. Ni los chupitos. Ni la valenciana con cara de portuguesa. No sirvió de nada Tinder. Tampoco el veinteañero que quería besarme. Ni siquiera limpiar y cocinar para la semana en sábado. Ni tener cero lavadoras que poner.

Parece que lo único que se siente bien es mirar hacia adentro. También es lo que más miedo da. Miedo de empezar a mirar hacia adentro y sentirme tan a gusto y hacerlo con tanta fruición que empiece a rotar sobre mi misma tan rápido que me vaya erosionando y me convierta en una pequeña canica. Una canica que rote sin voluntad y se dirija a los lugares a los que las inclinaciones la lleven. Me da pánico ser una canica. Me da miedo encontrarme tan feliz conmigo que me olvide aún más de la gente. De algunas personas. Me da miedo darme cuenta de que estar contenta solo dependía de mi y de desprenderme de un montón de miserias. Pero aun me da mas miedo pensar en darme cuenta después de que estaba equivocada y ver que he malgastado mi tiempo.

Necesito cien vidas. Con una no me basta para probar todas las soberanas gilipolleces de vidas que se me ocurre que podría querer llevar. Necesito cien vidas para poder ser quien quiero ser. O mejor dicho, para descubrirlo.


lunes, 2 de febrero de 2026

V, W, X y Zurück

Escribo esto desde la cálida comodidad de mi salón. Hay un tocón en la chimenea al que algunas lenguas de color azul le sacan con exquisita cadencia el calor a base de lametazos que lo resecan, que lo deshidratan a tal nivel que lo convierten en carbón primero y después en ceniza.

Hay una luz de escritorio que ilumina mis palabras a medida que se hacen obra al escribirlas. También la luz es cálida. La silla en la que me siento es cómoda. Y me reconforta de alguna manera que tenga reposabrazos porque me hace sentir arropada, cuidada ante una caída y apoyada en caso de que quiera levantarme.

Miro a mi alrededor y todo me provoca calma. Todo es conocido. Todo ha sido escogido por mi. Todo me reconforta. Y todo me protege de la zozobra.

Me gustaría poder describir lo que pasó después del accidente, contarlo todo usando muchas palabras que dieran significado y matices y colores a lo ocurrido. Pero a veces las explicaciones son cortas y las explicaciones no tienen nada de noble o de épicas. A veces los propósitos son irrelevantes. A veces se vuelven irrelevantes.

Así que para no trampear los recuerdos y evitar que se conviertan en cuchillo con el que hacerme daño, seré breve: Salí del coche. Subí la montaña hacia la casa con dificultad. La sangre pegada al pelo y a mi cara me impedía tener la vista en la casa pero conocía el camino. Además el olor a humo hubiera guiado a cualquiera. La ceniza que volaba se me pegaba a las partes de la cabeza y la cara que aun estaban humedamente ensangrentadas por el corte. Al llegar al lugar y mientras me limpiaba lo mejor que podía para ver qué quedaba, ya noté que apenas se arrojaba calor al aire. Tuve que acercarme mucho, nadando entre los grisaceos copos de ceniza para ver que no quedaba nada.


Nada.


Me acorde del primer golpe que se le asestaba al cerdo en el pecho, en el esternón para partirlo y abrirlo en canal en los días felices de la matanza familiar. Ahora ese pecho era el mío y ese golpe de hachilla atravesaba mi hueso y mi corazón. Y era yo la que sintiendo el dolor de la herida abierta, dejaba de respirar y de vivir por un instante.

Volví en mi. Ya sabía que no quedaba otra que regresar al hogar. Me dispuse a caminar sobre mis pasos pensando en la lección aprendida: El amor te roba solo un latido pero el desamor te roba por lo menos tres.